Deberes del poeta
Comprobar el nacimiento
del asombro.
medir el ascenso de la sangre
a través de una piel
que se entibia con solo mirarla.
No tenerle miedo a la palabra ternura.
Estos podrían ser algunos.
Otros:
Ver a kilómetros de distancia
una pequeña mujer
enseñándole a su hijo
poemas de Rubén Darío.
Tararear,
con la más profunda convicción,
melodías sin sentido.
Asomarse al abismo
Y advertir como esos ojos
se repliegan luego en la dicha.
Constatar
los vertiginosos cambios en los sentimientos,
la premurosa carrera de todo hacia el olvido,
el inhóspito desierto de los días carentes de fibra.
O si no enronquecer de
júbilo.
Bendecir el mundo.
Jugar a que el hombre no se pudra.
Podría también
callar
de modo definitivo y profundo.
Juan Gustavo Cobo Borda